domingo, 3 de junio de 2012

Fin.

Es como cuando termina una peli que te encanta y te quedas embobada mirando la pantalla esperando que vuelvan de publicidad... Cuando ansías esa segunda parte que no acaba de llegar o que no era ni mucho menos como tú imaginabas... El jugo está todo exprimido, la peli no da más de sí. Puedes verla una y otra vez, aprenderte los diálogos de memoria, quedarte con los mejores momentos; pero el final, quieras o no, va a ser siempre el mismo.

Quizás sea hora de cambiar de canal, de guardar la carcasa en esa estantería vieja y ver algo nuevo.

...arriesgarse o morir!

Es como cuando conduces un coche por primera vez. Estas deseando arrancar y meter primera incluso antes de saber de qué coño va ese rollo de las marchas. Sientes como un nervio recorre todo tu cuerpo y como el miedo te paraliza, te bloquea y te impide reaccionar. Y en medio de ese caos sin sentido vence una fuerza incesante que no sabes de donde procede pero que es mayor a todo lo demás. Y estás temblando pero te mueres de ganas de hacerlo. Y de repente sueltas embrague, aceleras y en un momento te sientes la dueña de la carretera. Es justo como cuando conduces un coche por primera vez, no sabes de donde procede esa fuerza, ese sentimiento, esa necesidad que, aun invadiéndote el miedo, consigue ponerte los pelos de punta y hacer que te lances al vacío y te dejes llevar.